Vox populi, vox Dei

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Vox populi, vox Dei

Se ha propuesto un referéndum para decidir cinco cambios constitucionales y una consulta popular sobre dos temas que no cambiarán la Constitución.
Referéndum y consulta popular son sinónimos y se consideran ejemplos de ‘democracia directa’. En rigor difieren bastante de las formas de ‘democracia directa’ que se practicaba en la antigua Grecia, hace mas de 2.500 años.

En ese entonces, en las asambleas ciudadanas griegas se escogían funcionarios públicos por sorteo entre los asistentes y se elegían ‘estrategas’ o jefes militares del ejército, por votación directa. Una asamblea en una ciudad-estado como Atenas debió reunir a no más de 5.000 personas, ya que a dichas asambleas no se les convocaba a todos. Estaban excluidos extranjeros, mujeres y esclavos.

Solo participaban los hombres que habían terminado el entrenamiento militar. Los funcionarios públicos escogidos eran ‘empleados de la gente’ y debían rendirle cuentas, en asamblea, a la ciudadanía. La designación por sorteo era lo predominante y era vista como lo más democrático. Las elecciones, por votación directa favorecían a los más famosos o elocuentes.

En vísperas de todas las elecciones ecuatorianas, escuchamos hasta el cansancio la frase ‘Vox populi, vox Dei’, ‘Voz del pueblo, voz de Dios’, para señalar que hay que respetar las decisiones populares depositadas en las urnas. Luego los perdedores argumentan de mil formas que no se ha respetado esa voluntad.

Cuando les demuestran documentadamente que perdieron, exhiben extrañas teorías y concluyen que “le han hecho equivocar” al pueblo y a la brava desconocen los resultados. Hoy se declaran dueños de las preguntas de la consulta popular y se proclaman ganadores anticipadamente.

Para evitar equivocaciones de cualquier naturaleza, pero sobre todo aquellas que afectarían el pacto social que nos une y se llama Constitución, se establece que “En todos los casos, se requerirá dictamen previo de la Corte Constitucional sobre la constitucionalidad de las preguntas propuestas.” La Corte Constitucional, tratándose de cambios constitucionales, dirá: qué pregunta se puede hacer mediante referéndum o trámite en la Asamblea Nacional o para qué pregunta debería convocarse a una Asamblea Constituyente.

En los otros casos vigilará la constitucionalidad y pertinencia de las preguntas.
La Corte Constitucional también está obligada a vigilar la integralidad de la Constitución e impedir que se deslicen errores que pudieran traer posteriores conflictos constitucionales.

Por ejemplo, ningún organismo transitorio podría tener facultades para suplantar a la Asamblea Nacional respecto al control político de la Función de Transparencia, sin suspender transitoriamente el funcionamiento del órgano legislativo y de fiscalización.

Peor todavía que funcionarios transitorios designados como consecuencia de un referéndum, por falta de tiempo para expedir la Ley y elegir a los titulares, duren en sus puestos más de cinco años.

Fuente: El Tiempo

Sección: Noticias


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