La chispa que encendió la llama de la libertad

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La chispa que encendió la llama de la libertad

Dos historiadores analizan el papel que desempeñaron los patriotas y el pueblo quiteño en la gesta de 1809.

Un día como hoy, hace 208 años, una audaz acción protagonizada por un puñado de quiteños allanó el camino de lo que sería todo un proceso independentista de la Corona española, que culminó en 1822.

La historia nos sitúa en 1808, cuando en Europa se desataba un conflicto a gran escala. Napoleón  Bonaparte invade con sus tropas España y el rey Carlos IV abdica a favor de su hijo Fernando VII, pero Bonaparte asigna el poder de la corona a su hermano José.

En la Real Audiencia de Quito comienza a germinar la semilla de la liberación. El 7 de agosto de 1809, un puñado de criollos se reúne en la casa de Xavier Ascázubi, para redactar el acta de la revolución.

Juan Pío Montúfar (Marqués de Selva Alegre, José Cuero y Caicedo, Manuel Quiroga, Juan de Dios Morales, entre otros, son parte de la trama.

Al día siguiente se reúnen en el mismo sitio, para definir los últimos detalles del golpe, que en principio estaba planificado para el 9 de agosto, pero no todos asistieron. Se dirigieron luego a la casa de Manuela Cañizares, quien los arenga. Montúfar, Salinas, Juan Pablo Arenas, Quiroga, Juan de Dios Morales y otros, se reunieron por última vez en casa de Cañizares y entre la madrugada y mañana del 10 de Agosto de 1809 se toman el cuartel de la Real Audiencia. Su presidente, Manuel Urriez, conde Ruiz de Castilla, es depuesto.

Con el tañer de las campanas, una multitud de quiteños celebró lo que sería la conformación de la Junta Suprema de Gobierno, la primera manifestación de liberación de la Corona española en América.

Ese acontecimiento se lo conoce como el Primer Grito de Independencia. Para Jorge Núñez, miembro de la Academia Nacional de Historia, el hecho significa el punto de partida de un proceso de emancipación de las colonias españolas en América. “En aquel momento no había ocurrido un fenómeno autonomista en Hispanoamérica, si bien había registros de protestas, manifiestos y revueltas esporádicas, nunca se había llegado al punto de constituir un gobierno propio dentro de América, esa es la importancia del 10 de Agosto de 1809”.

Recalca que aquellos patriotas utilizaron el ardid de declararse fieles al Rey de España y le pidieron que viniera a gobernar en América, pese a que estaba en manos de Napoleón Bonaparte. Con ello se intentó aparentar que no era una rebelión contra la Corona española. Pero los hechos eran otros, pues construyen un gobierno propio, de acuerdo con su voluntad autonomista.

“Existen documentos que así lo revelan, donde se habla de la posibilidad de la independencia de la Corona. Esto se conoce gracias a nuevas investigaciones documentadas”, asegura Núñez.

Insiste en que la mayor prueba del proceso está en el hecho de que las autoridades españolas de esa época así lo entendieron, que tras la declaración se escondía un intento independentista; es por ello que enviaron ejércitos de Perú y de Colombia contra Quito, lo que desencadenó luego la rendición de los patriotas y, posteriormente, en la masacre del 2 de Agosto de 1810.

“Lo ocurrido el 10 de agosto prendió la llama independentista en toda América española, y un primer paso fue lo ocurrido en la rebelión en el Valle del Cauca (actual Colombia) un año después; en 1813, en Chile, se declaró a Quito ‘Luz de América’ y aquello quedó grabado en una placa en en el faro de Valparaíso”, rememora el historiador. Hace mención especial a guayaquileños que fueron parte del hecho. Entre ellos, Juan Pablo Arenas, auditor de guerra de la Junta Soberana de Quito; el coronel Jacinto Bejarano, tío de Vicente Rocafuerte; y hasta José Joaquín de Olmedo, entonces diputado en las Cortes de Cádiz, que dedicó un himno en homenaje a Quito.

Por eso, no concuerda con quienes sostienen que el 10 de agosto fue solo una ‘rebelión de los marqueses’, ya que detrás de los patriotas hubo una manifestación del pueblo de Quito a favor.

El historiador guayaquileño Miguel Cantos advierte que no se trató de un hecho aislado dentro del proceso independentista latinoamericano, sino que fue la consecuencia de una serie de acciones previas, como levantamientos en contra de medidas impositivas de la Corona española.

Para entonces, se había planteado un proceso de ruptura con la Corona, por las decisiones jurídicas y económicas en América, de allí que nacen las juntas de gobiernos populares, presuntamente para defender al rey, pero que tenían una idea de autonomía. Destaca el papel predominante de los barrios de Quito.

“Era allí en donde el pueblo discutía sobre las decisiones económicas en favor de la Corona, por eso se fue creando un clima de inconformidad”. Otro aspecto que resalta Cantos es es el rol de la mujer, aunque desde la subalternidad, porque en esa época no tenían mayor incidencia política.

Ellas impulsaban a los precursores e independentistas a la toma de decisiones, incluso se prestaban como correos para difundir las acciones entre los barrios. Un ejemplo de ello es Manuela Cañizares, como reseñan los libros de historia. Recalca que el 10 de Agosto de 1809 es una fecha que debe ser recordada como parte de un proceso que enrumba la independencia.

“Es una fecha que determina el proceso de cambios para el continente, incluso. Aquellos procesos determinarían con éxito la independencia de Guayaquil, el 9 de Octubre de 1820, donde se crea virtualmente un protoestado.

“Es una fecha de recordación, pero si no se la entiende como un proceso que comienza incluso 50 años antes, pierde significación, por eso se debe analizar el antes, el durante y las consecuencias”, puntualiza Cantos.

Fuente: El Telégrafo

Sección: Noticias


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